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El copista
El copista
Nueva injuria

Esta entrada será algo larga, así que quien no quiera leer, ya está advertido.


En estos días el copista se ha visto lleno de repentino trabajo nuevamente, lo cual no le molesta mientras no salgan a relucir acusaciones injustas contra el mismo. Una de las autoras de nuestra editorial ha venido furiosa a recriminar a este amanuense no haber hecho el plan de promoción de su libro, cuando ha sido cumplido paso por paso. Es una persona que pretende que su libro salga publicado en la primera página del Babelia. En fin, la ignorancia es atrevida. Y hasta aquí la diatriba personal contra una viejita sentada y pasamos a los temas de la injuria.


Como siempre, mirando en El Tiempo he encontrado la maravillosa casualidad de que Colombia no ha firmado la Declaración de los Pueblos Indígenas, lo cual resulta más que extraño en un país con una población indígena de 1'392,623 personas, que constituye el 3,36 % de la población total. Un porcentaje nada despreciable, en realidad.


Por lo tanto, lo lógico es que esta declaración hubiera sido firmada por Colombia. No se han podido dar explicaciones totalmente satisfactorias a un hecho de tanta importancia, pero hay varios indicios de las razones por las cuales el gobierno ha decidido reservarse la aprobación de dicho instrumento de derechos humanos. Todo parece reducirse a economía. En dicha declaración (no he podido encontrarme el texto definitivo pero adjunto una circular informativa) se afirma que los territorios indígenas deben ser respetados, lo cual causa más de un pequeño conflicto en Colombia (cabe recordad en este momento el muy manido pleito de la etnia U'wa, que cumple 14 años de pelea por la explotación de hidrocarburos en su zona).


También es inconveniente para el país aceptar esta declaración por la obligación de respetar y vigilar el respeto de las etnias y su cultura. Pues bien, hechos como el desplazamiento de los Nukak y el desamparo en el que se encuentran por parte del gobierno es otro de los acontecimientos que dejarían bastante mal parado al gobierno en cuestión de derechos humanos, entre muchas otras. El desplazamiento forzado del que son víctimas los Nukak y su igualmente forzada incorporación a la cultura occidental con la consecuente y lógica pérdida de sus valores culturales es otra de las vergüenzas que el gobierno no desea mostrar. Nótese muy especialmente que en este artículo no he mencionado en ningún momento al presidente Uribe, porque esta problemática tiene antecedentes que se pierden en los años anteriores a la venida de nuestro señor monarquito.


Pero el hecho de que esta declaración no sea aprobada sí es un accionar de su gobierno que tiene su sello por todas partes. La violación de derechos humanos no parece frenar al terrateniente de Córdoba en su carrera por demostrar que Colombia está lejos del conflicto que la ha manchado desde hace ya mucho tiempo. Entre otras de las acciones llevadas a cabo dentro de este plan se encuentran la tardanza en la ratificación del mandato de Alto Comisionado de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en Colombia, que se dio únicamente hasta septiembre de 2007, un mes antes de su vencimiento y por el que imploraba más de una organización humanitaria de Colombia y el mundo. Tanta insistencia puede tener origen en la reticencia de nuestro mandatario a la vigilancia de las acciones del gobierno en materia de derechos humanos. También entronca este temor gobiernista con la ratificación del estatuto de la Corte Penal Internacional en Colombia, del 2002, que coincide con el fallo de la Ley de Justicia y Paz y con la repentina desmovilización de paramilitares (malpiensa y acertarás decía la revista El malpensante).


Es también un hecho a tener en cuenta que, mientras en Europa se solazan desinformando a la población y haciendo creer a los colombianos que viven en el exterior que el país va mejorando, las noticias de los asesinatos de candidatos a las alcaldías no suenan demasiado, como es el caso de Julio César Marentes, tras cuya muerte se han encontrado nexos de la alcaldesa actual y las Farc, y del candidato a la alcaldía de Puerto Guzmán, Jairo Casanova. Lo que no se puede pasar por alto aquí es la función de la desinformación. Se habla mucho de los nexos de esta alcaldesa con las Farc, pero se intenta también velar el hecho de que dicha alcaldesa es una funcionaria del gobierno, que de tales acciones es también culpable un gobierno al que no le interesa mostrar sus fallas en materia de seguridad. Se supone que la seguridad democrática es suficiente motivación y aliciente para que los colombianos cedan parte de sus libertades fundamentales, pero ni por esas. Si los resultados se estuvieran viendo por lo menos... Bueno, aquí el papel más importante es el que juega el gobierno y los medios de comunicación en la campaña de acomodación discreta de la verdad.


Otro motivo de injuria se relaciona con el siguiente artículo: En él se muestra a nuestro Papa, Bebedictus XVI estrechando la mano del presidente islámico de Sudán, mientras juegan a componer el retrato de la esperanza en la paz de la región de Darfur. Puede incluso imaginarse el lector lo que está pensando cada uno de los actores de esta foto. El Papa piensa en su labor ecuménica que llevará poco a poco a los infieles islámicos a reconocer su error y convertirse a la verdadera fe y el presidente se da cuenta de cuánto bien puede traer a su causa de exterminio étnico y saqueo de recursos naturales el aparecer con la manita de Bebedictus entre las suyas. No sé a qué juegan estos dos, pero definitivamente no conseguirán así la paz en Darfur. No entiendo cómo se logrará alcanzar con un presidente comprometido con el robo y el genocidio. Como nota aparte, los invito a ver el reloj de este presidente que feo estará pero se ve bastante caro. Supongo que colaborará con la paz mientras los infieles cristianos y animistas del Sur no se metan con él.


Notas adicionales: No se vayan a creer que me la paso leyendo la revista Alfa y Omega, está bien, el copista admitió alguna vez que no podía dejar de creer en Dios, pero hasta allá tampoco llega. La misión de llevar la buena nueva a los pueblos olvidados de nuestro señor se la dejo a Bebedictus y sus compinches. Llegué a la noticia debido a la viejecita mencionada anteriormente y cuyo libro fue enviado (así ella diga que yo me los debí quedar para venderlos contrabandeados o algo así) a dicha revista con el propósito de conseguir una reseña, objetivo que finalmente se logró también (ay, viejita, cómo duele tragarse las palabras, ¿no?).

September 27, 2007 | 7:09 AM Comments  0 comments

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