Imagen de un perrito melancólico, sabrá Dios por qué. Es tomada de esta galería de Flickr.Mientras leo "Cultura y Melancolía", de Roger Bartra, me adentro en uno de mis temas favoritos: teorías científicas revaluadas hace siglos y teorías pseudocientíficas que nunca serán comprobadas porque son demasiado "pseudo".
El caso que me atañe hoy, y que me seguirá atañendo durante algunas entradas, espero, es la teoría de las cuatro complexiones. A lo mejor suene más conocida como la teoría de los cuatro humores.
De orígenes pitagóricos, cuyos estudiosos eran fieles seguidores del número cuatro en la naturaleza, la teoría de las cuatro complexiones afirma la existencia de cuatro sustancias, líquidos o humores que existen en el cuerpo y cuyo desequilibrio determina la salud o la enfermedad de un paciente. Dichos humores resistieron el paso de los siglos, ayudados claramente por la Iglesia y su persistencia en prohibir todo experimento de disección humana para comprobar que fluidos en el cuerpo tenemos, y muchos, pero no exactamente esos cuatro.
La primera mención de la teoría de los humores la hallamos en Teofrasto, y son numerosos los autores, de la literatura y las ciencias, que se han dedicado a estudiar el tema en los más diversos ámbitos, tan variados como sus aplicaciones. Hubo quienes se limitaron a tratarla en sus aspectos médicos, y otros, como Huarte de San Juan, que la trasladó a la sociedad, lo que llevó a que ciertos temperamentos, especialmente el atrabiliario, fuera un mal endémico de sociedades especialmente caracterizadas por la corrupción. La corrupción en los gobiernos genera melancolía, según Bartra, razón de más para creer que Colombia es uno de los países más melancólicos en la actualidad, y que si entramos en las listas de los más felices, es por esa mala costumbre humana del autoengaño.
Un Grotesque de Da Vinci que también parece representar las cuatro complexiones. Ésta la tomé de la Wikipedia. Los cuatro humores son la sangre, la bilis amarilla o roja, la bilis negra y la flema. Esto determina cuatro complexiones o temperamentos conocidos como sanguíneo, colérico, melancólico y flemático, respectivamente. Naturalmente los cuatro fueron estudiados a lo largo de la historia, por razones médicas y con el fin de encontrar remedio a diversos trastornos físicos y psicológicos. La teoría humoral fue con el tiempo influenciada por diversas corrientes pseudocientíficas en la actualidad, tan imposibles de comprobar por medio del método científico o cualquiera que sea el aprobado en la actualidad como único sistema de comprobación en las ciencias. Me refiero a la astrología. Entro entonces a describir cada uno de los cuatro humores y sus correspondencias zodiacales.
1. Sangre: De los cuatro, sólo dos permanecen como un elemento legitimizado y cuya existencia ha sido demostrada, uno de los cuales es la sangre. La complexión sanguínea es caliente y húmeda y corresponde a la estación de la primavera. No he podido hallar sus correspondientes signos zodiacales, pero teniendo en cuenta que su elemento es el aire, puedo asumir que le corresponden los signos de aire, a saber: Géminis, Libra y Acuario. A su vez correspondía a la juventud, la segunda de las cuatro edades del hombre. Los sanguíneos suelen ser bastante amorosos e idealistas y el remedio que se daba al exceso de sangre en el cuerpo, que causaba un temperamento sanguíneo, eran las sangrías o sangrados. Éste es el origen de dicho tratamiento muy difundido en la Antigüedad, que hoy, naturalmente, vemos con ojos de absurdo. De ahí que se les aplicara a dichos enfermos (y a otros aquejados por exceso de diferentes humores) cortadas o sanguijuelas, lo que eliminaría el exceso de sangre ( y de paso, le produciría tremenda anemia al paciente, pero ése no es el tema de esta entrada ni lo será).
2. Bilis amarilla o roja: Es el otro "humor" que sobrevivió a la implacable demostración científica. Corresponde en la actualidad al líquido producido por el hígado y almacenado en la vesícula biliar. No sé cuál es su función en el cuerpo, pero es que el tema de esta entrada no es la reivindicación de las teorías científicas demostradas sino la supervivencia de algunas de las revaluadas. El exceso de bilis amarilla producía el temperamento colérico, caracterizado por lo que el lector asume en este momento, la ira y el carácter explosivo. Correspondía al verano, sus cualidades eran calientes y secas, y los signos que le corresponden (asumo nuevamente) son los del fuego: Aries, Leo y Sagitario. En cuanto a las edades del hombre, hallaba su correspondencia en la edad por demás llamada viril o, en otras palabras, al adulto propiamente dicho.
3. Flema: Con este tercer humor pasamos al terreno de la más pura y deliciosa especulación científica. Ya no podemos asociar dicho nombre a ningún fluido en la actualidad. Bueno, tal vez sí, pero como esta entrada tiene el objetivo de ser un marco teórico para algo más, simplemente diremos que no. La flema daba origen a la complexión flemática, que nada tiene que ver con los ingleses, hasta donde mi investigación llega. Quienes estaban aquejados de su exceso eran indiferentes, calmados y, de cierta manera, ligeramente importaculistas. Corresponde a la edad de la infancia, al invierno y es fría y húmeda. Asociada con los signos de Cáncer, Escorpión y Piscis.
4. Bilis negra o atrabilis: Y aquí es donde el tema se pone más jugoso y humoral. La bilis negra es otro fluido que no soportó el embate del método científico, pero que demostró ser el más resistente de todos, gracias a que su exceso en el cuerpo generaba nada más y nada menos, la complexión melancólica. Esta complexión es la que ha sobrevivido a los tiempos y se recuerda todavía con cariño. Bah, qué diablos, podemos incluso decir que todavía entra en el estudio de la moderna psicología, siglos y siglos después de que sus tres hermanas fueron revaluadas. La melancolía es el temperamento más estudiado y será el centro de esta serie de entradas. Correspondía a la vejez, y sus síntomas son los más variados y ricos. Entre ellos se contaban una sequedad del cuerpo (debida a sus cualidades frías y secas), una tristeza sin razón de ser, un fastidio por la vida, el mundo, el ser, el todo... Fue erróneamente asociada con la acedia y, por extensión, con la pereza. No pasaré a explicar las razones por las cuales dichas asociaciones son incorrectas, pero quede en la mente del lector que pretendo demostrar más adelante, en otras entradas, que son incorrectas. Los signos del zodiaco asociados son los de tierra: Tauro, Virgo y Capricornio, y el planeta que afectaba en mayor medida con sus influjos a los melancólicos es Saturno, planeta regente de Capricornio. Además de todo esto, el melancólico es caracterizado por ser avaro, ceñudo, irritable, con una irrefrenable tendencia a estudiar, asociado con la genialidad y, por tanto, con la epilepsia (llamada el mal divino, en ocasiones). Es también asociado con posesiones demoníacas y con el síndrome del "sabio idiota", desagradable nombre que se le daba en la Antigüedad a ciertas manifestaciones del autismo. Parece ser que los melancólicos también eran adictos al sexo porque una de las causas de cierto tipo de melancolía, conocida como melancolía erótica, es la imposibilidad de estar con el ser amado, lo que causa tristeza. Sufrieron de melancolía los místicos, aunque negaban por demás padecerla, debido a la carga demoníaca inherente a su concepto. De ella convenía curarse porque, al ser asociada con un pecado, rápidamente pasó a ser ella misma un estado reprochable, que podía incluso condenar al enfermo a una eternidad en el infierno, como condenó Dante a los melancólicos, a hacer burbujitas de tedio en el fango en el que estaban hundidos hasta las orejas en su Divina Comedia.
La Melancolía de Degas. Ésta también de la Wikipedia.El equilibrio de los cuatro humores garantizaba una salud de roble, y su desequilibrio lo podía a uno volver medio loco y ponerlo medio maluco. Que se siente triste, pruebe si será la atrabilis, que le dan mucha piedra muchas vainas, quién quita que sea colérico.
En conclusión: La autora de este blog se ha declarado en más de una ocasión muy, pero muy superticiosa, y reivindica constantemente el derecho de cada cual a tener sus supersticiones, llámense como se llamen, e independientemente de lo demostrables o indemostrables que sean. Por lo tanto, ha decidido crear una serie de entradas de dudoso valor científico, pero de profundo valor sentimental para sí misma. Ésta es la primera de dichas entradas y, teniendo en cuenta la larga exposición que tendrá el tema, ha decidido también en consecuencia crearle una nueva etiqueta bajo el título de "Melancolía".
Notas complementarias:
1. El libro que ha inspirado esta serie de entradas es
"Cultura y melancolía", de Roger Bartra quien, por cierto, también tiene un
blog.2. El libro que continúa en la serie de lecturas sobre la melancolía es
"Saturno y la melancolía", para que vean que no miento con lo de los malos efluvios saturninos. A medida que vaya leyendo, seguirán saliendo interesantes referencias sobre el tema.
3. Para quien le pueda llegar a interesar la literatura médica del Siglo de Oro y sus alrededores, se les deja el vínculo en el que pueden
descargar el libro de Huarte de San Juan.4. Esperen, no tan en breve, la siguiente entrada de la serie de Melancolía, llamada "El problema XXX, 1 de Aristóteles" que seguramente tratará del problema XXX, 1 de Aristóteles o bien, si me ataca la acedia, se convertirá en una transcripción del problema.
5. Si logro encontrar una información sustentada de los signos zodiacales correspondientes a cada complexión, bien confirmaré lo escrito en esta entrada con relación a dicho tema, o la editaré en donde error hubiere.
6. Para el que le interese, le dejo un vínculo con una pequeña explicación del
síndrome del sabio idiota.7. Les he puesto dibujitos, para que no digan que se aburren.
Hasta la próxima entrada.